jueves, 21 de noviembre de 2013

DUELO E INTERVENCIÓN PSICOLOGICA DE CADÁVERES EN SITUACIÓN DE DESASTRES.


DUELO E INTERVENCIONPSICOLOGICA DE CADAVERES EN SITUACION DE DESASTRES.

Si nos referimos al duelo complicado, nos podemos encontrar con distintos tipos (Worden, 1996):
Duelo crónico: tiene una duración excesiva y nunca llega a una conclusión satisfactoria, la persona que lo sufre es consciente de que no consigue acabarlo.
Duelo retrasado: también se denominan duelos inhibidos, suprimidos o pospuestos. La reacción producida en un primer momento no fue suficiente, de manera que se pueden desencadenar respuestas retrasadas en cualquier otro momento posterior a la pérdida siendo estas desproporcionadas con respecto al acontecimiento que las desencadena actualmente.
Duelo exagerado: respuestas exageradas que el doliente experimenta tras la pérdida. La persona tiene una conducta desadaptativa y se siente desbordada. A diferencia del duelo enmascarado, la persona es consciente de que sus síntomas están relacionados con la pérdida.
Duelo enmascarado: el doliente experimenta síntomas y conductas que le dificultan su vida sin ser conscientes de ello ni lo relaciona con la pérdida.

Consideraciones actuales en la investigación del duelo

Si entendemos el duelo como un proceso normal de adaptación por el que todas las personas pasamos al sufrir una pérdida, ¿hay que intervenir con las personas en duelo? ¿hay que dejar que el tiempo sea el que cure?. Actualmente hay investigaciones centradas en esta cuestión, y en este sentido, Jesús A. García (2008) presenta un estudio con viudas en duelo temprano para evaluar la eficacia que puede tener intervenir en cuidados básicos por médicos de atención temprana comparándolos con la atención habitual realizada por los mismos. La conclusión a la que llega es que no solo no es más eficaz la intervención en duelo normal sino que incluso puede ser menos beneficioso que los cuidados habituales proporcionados por los médicos de atención primaria. Por
La duración y la expresión de un duelo “normal” varía considerablemente entre diferentes grupos culturales, y el diagnóstico de Trastorno Depresivo Mayor no está indicado a menos que los síntomas se mantengan 2 meses después de la pérdida. Sin embargo, la presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una reacción de duelo “normal” pueden ser útiles para diferenciar el duelo del episodio depresivo mayor. Entre aquellos se incluyen: 
1.     La culpa por las cosas, más que por las acciones, recibidas o no por el superviviente en el momento de morir la persona querida.
2.     Pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería haber muerto con la persona fallecida.
3.     Preocupación mórbida con sentimiento de inutilidad.
4.     Inhibición psicomotora acusada.
5.     Deterioro funcional acusado y prolongado.
6.     Experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida.
Por lo tanto el duelo patológico queda englobado dentro del Trastorno Depresivo Mayor. La siguiente pregunta cae por su propio peso: ¿debe considerarse trastorno mental?. Actualmente las  investigaciones se centran en esta cuestión así como en la efectividad de su tratamiento.  Pringerson, una de las principales investigadoras actuales del tema, ha realizado una propuesta para su inclusión como Trastorno del Duelo Complicado en el DSM-V. (Zhang, El-Jawahri, y Pringerson, 2006). Abriéndose el debate de la estigmatización o no del duelo al considerarlo trastorno mental. En este sentido existe evidencia de la efectividad del tratamiento psicoterapéutico en el Trastorno de Duelo Complicado (Shear et al. 2006) pero no en caso de duelo normal como ya hicimos referencia anteriormente.

Componente social y cultural del duelo

La participación comunitaria del duelo es un fenómeno que actualmente está sufriendo cambios importantes aunque en las culturas rurales se mantiene todavía bastante arraigado. Esta participación implica un acto de solidaridad ante un acontecimiento que no es sólo personal y familiar sino también comunitario. La muerte en las sociedades pequeñas es un acontecimiento que invade la estructura social, por tanto no sólo se debe estudiar como un hecho privado sino como un acontecimiento social (Di Nola, 2007).
Concretamente este último supone que podamos encontrar problemas con aquellas personas, sobre todo mayores, que no terminan de asumir la pérdida porque no tienen un lugar físico donde acudir a llevar flores, limpiar y visitar a su familiar. Actualmente, y como idea pionera en España, en Córdoba se ha realizado un proyecto destinado a esta nueva forma de exhumación de los cadáveres denominado “El bosque de las cenizas”. Consiste en un espacio verde con árboles dentro del cementerio donde los familiares de las personas incineradas pueden llevar las cenizas para esparcirlas o enterrarlas en una urna biodegradable. Este espacio además cuenta con una pérgola y un muro de los recuerdos donde los familiares pueden celebrar actos sociales o escribir un recordatorio a sus fallecidos. Todo esto facilita en el doliente la aceptación de la pérdida.
En resumen, nos encontramos con una nueva demanda de atención que implica al individuo, a la familia, y al entorno social y comunitario. Por tanto es preciso dar una respuesta adecuada y profesionalizada, entendiendo que el duelo es una respuesta normal que no tiene que ser negativa o anómala, pero que debemos saber orientar dados los nuevos cambios culturales y sociales que se están produciendo. No obstante, podemos encontrarnos con personas en riesgo de duelo con las que tengamos que prevenir la aparición de un duelo complicado, y en caso de que aparezca diseñar un tratamiento adecuado así como su derivación a un servicio especializado.
Entrevista general de duelo
Utilizando la propuesta de Barreto y Soler (2007) para la elaboración personal del duelo, hemos modificado y adaptado este cuestionario biográfico elaborando una entrevista semiestructurada que recoge todas las áreas
importantes a evaluar en el Duelo. A continuación se presenta un resumen de estas áreas (cuadro 3) adjuntando en el anexo 4 la entrevista completa. En esta se dan instrucciones para su realización, entendiendo que a la hora de evaluar a una persona en duelo hemos de ser flexibles y dar el tiempo que sea necesario, sobre todo en los primeros contactos. Por esta razón el número de sesiones puede ser flexible (entre 1 y 3 sesiones). Se recomienda iniciarla con una pregunta general referida a cada apartado, para lo que se recomienda utilizar la primera que se presenta, pudiendo completar la información bien a posteriori o bien en otra sesión. Posiblemente nos encontremos con información que ya tenemos recogida anteriormente.
      1 . DATOS PERSONALES
1.1.  Afectado
1.2.  Fallecido
2.  CIRCUNSTANCIAS DE LA PÉRDIDA
3.  SITUACIÓN ACTUAL
4.  HISTORIA DE LA RELACIÓN
5.  RECURSOS PERSONALES
5.1 Habilidades sociales y de resolución de problemas
5.2 Salud
5.3 Situación laboral

5.4 Valores y creencias
6.    FUNCIONAMIENTO FAMILIAR
7.    EXPECTATIVAS
8.    DIAGNOSTICO PSICOSOCIAL
9.    LÍNEAS DE INTERVENCIÓN
10. DERIVACIÓN A OTROS SERVICIOS
11. PRONÓSTICO
12. OBSERVACIONES
 Sesiones de orientación
Las pautas generales a seguir son las siguientes.
1.- NORMALIZAR síntomas. Cuando una persona pasa por una situación “anormal” experimenta una serie de reacciones adaptativas a nivel físico, conductual, emocional y/o cognitiva. Puede que nunca las haya padecido con anterioridad y la interpretación que haga de ellas no sea la más ajustada a la realidad. Es, por tanto, fundamental informarle de que sus respuestas (a cualquier nivel) en este momento son normales, en concordancia con la situación que soporta, suele ser una información bastante tranquilizadora.
INFORMAR sobre el proceso de duelo. Ofrecer información a la persona sobre la normalidad del proceso. Es importante dejar claro que deben darse tiempo y no tratar de acelerar el proceso; es una situación por la que pasan todas las personas que sufren una pérdida importante, aunque cada una es única y diferente. En este sentido podemos utilizar para informar terminología como duelo, proceso de duelo,  luto (Tizón, 2004), siempre adaptándola en función de cada persona:

Definición de duelo: conjunto de fenómenos que se ponen en marcha tras la pérdida. Estos pueden ser psicológicos (proceso de duelo),  psicosociales, sociales (el luto), antropológicos e incluso económicos.
Proceso de duelo: conjunto de cambios psicológicos y psicosociales, fundamentalmente emocionales, por lo que implica que la pérdida se elabora internamente. Son un conjunto de emociones, representaciones mentales y conductas vinculadas con la pérdida afectiva, la frustración o el dolor. Como características más relevantes podemos resaltar (Poch y Herrero,  2003):
 .Es un proceso: las personas pueden tener la sensación de que van a estar siempre así, de manera que les tranquiza saber que el duelo evoluciona en el tiempo.
.Normal: nos sucede a todos cuando padecemos una pérdida significativa, no obstante, existen diferencias individuales en la forma de afrontarlo. Aunque pensemos, sintamos o hagamos cosas que antes no pensábamos, sentíamos o hacíamos es normal reaccionar así.
.Dinámico: cambia a lo largo del tiempo, tiene oscilaciones del humor y de la sensación de bienestar-malestar. Según Neimeyer, (2002), es un proceso largo que tiende a durar años en lugar de meses e implica la aparición de “picos de duelo” que constituyen una parte normal y habitual de la acomodación a la muerte de un ser querido.
.Que depende del reconocimiento social: cuando una persona sufre una pérdida, es ella y su entorno los que se ven afectados, y por tanto el proceso es individual y colectivo. Este componente individual hace que la persona tenga reacciones diferentes ante el mismo acontecimiento. La vertiente social implica los rituales propios de la cultura.
Luto: Son ritos psicosociales del duelo; manifestaciones externas, culturales, sociales y antropológicas e incluso económicas, que ayudan o reglamentan la reacomodación social y psicosocial tras la pérdida, en particular de una persona allegada.
Elaboración del duelo: el trabajo psicológico que, comienza con un impacto afectivo y cognitivo, y termina con la aceptación de la nueva realidad interna y externa.
3. RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS.  Es importante ayudar y orientar a las personas  a solucionar determinados problemas que pueden surgir o agravarse a raíz de la pérdida. Podemos orientar en función del caso:
Derivando a algún servicio especializado si fuera pertinente (abogado, servicios sociales,... )
Asesorando en la toma de decisiones precipitadas. No es el momento de hacer grandes cambios en su vida, es más adecuado intentar seguir donde vivíamos, no vender ni comprar, etc...  pedir ayuda ante problemas que le preocupan.
4. ORIENTACIÓN acerca del luto. En este punto hay que tener en cuenta las diferencias culturales y es necesario conocer y respetar los ritos referidos al duelo que propugna cada cultura. No obstante podemos tener en cuenta algunos aspectos generales de nuestra cultura, a la que pertenecerán la mayoría de los casos con los que trabajemos.
¿Es o no apropiado vestir de negro?, ¿poner la televisión?, ¿salir a la calle?,... son situaciones socio-culturales asociadas al duelo que hay que ir normalizando conforme pase el tiempo.  Puede ser importante llevar a cabo algún ritual, informar de lo adecuado en ese momento de ir al cementerio, llevar flores o realizar cualquier otro ritual público (celebrar una misa...) y/o privado para ayudar a hacer real la pérdida.
Hablar o no del fallecido. Es importante que la persona tenga alguien con quién poder expresar sus pensamientos, emociones, recuerdos... siendo apropiado hablar del fallecido.
Importancia del apoyo social, es fundamental en este momento tener una red social de apoyo, personas cercanas y con las que el doliente se encuentre cómodo.
5. ORIENTACIÓN SOBRE MENORES. Nuestra tendencia cultural es alejar a los menores de todo lo referente a la muerte. Cuando se produce una pérdida y hay menores involucrados directa o indirectamente, una de las demandas más comunes que consultan los familiares es el asesoramiento acerca de las siguientes cuestiones:
- Participación de menores en el funeral. En este sentido las orientaciones que hay que hacer van en función de la edad y madurez del  menor. (ver Módulo 5). Pero en general es adecuado que el menor participe siguiendo estas pautas:
Si lo solicita expresamente. No se debe obligar.
Una edad adecuada puede ser a partir de los 6-7 años.
Ir acompañados de un mayor que le explique la situación de manera apropiada.
Evitar los momentos donde el nivel de emoción expresada sea más alto (momentos iniciales...).
Decirle la verdad, sin enmascararla con historias “se ha ido de viaje”“desde donde está nos mira y protege” etc...
Hablar con el menor de lo sucedido y responder a todas sus preguntas. Esta información tiene que ser clara y adaptada a su edad. La persona más apropiada será un familiar cercano. Se trata de dedicar un tiempo a hablar de la persona fallecida, de la situación, emociones etc., sin que tenga que estar hablando constantemente del tema.
Intentar no cambiar la rutina normal del niño, ni hacer grandes cambios que afecten a su vida cotidiana.
Informar al centro educativo de la situación, simplemente por si observan algún cambio digno de mención en el menor.
Informar sobre las reacciones normales,  en distintas edades (anexo 6), facilitando a la persona estas indicaciones y la posibilidad de consultar en cualquier momento.

Desde nuestra experiencia éstas son las cuestiones más comunes que en caso de duelo normal suelen planteársenos. Por último, es recomendable dejar abierta la posibilidad de consultar cualquier duda o cambio que consideren oportuno al igual que hacer un seguimiento. Suele tener efecto tranquilizador y facilita el proceso.

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