DUELO E
INTERVENCIONPSICOLOGICA DE CADAVERES EN SITUACION DE DESASTRES.
Si nos
referimos al duelo complicado, nos podemos encontrar con distintos tipos
(Worden, 1996):
Duelo crónico: tiene una
duración excesiva y nunca llega a una conclusión satisfactoria, la persona que
lo sufre es consciente de que no consigue acabarlo.
Duelo
retrasado: también se denominan duelos inhibidos, suprimidos o pospuestos.
La reacción producida en un primer momento
no fue suficiente, de manera que se pueden desencadenar respuestas retrasadas
en cualquier otro momento posterior a la pérdida siendo estas desproporcionadas
con respecto al acontecimiento que las desencadena actualmente.
Duelo exagerado: respuestas
exageradas que el doliente experimenta tras la pérdida. La persona tiene una
conducta desadaptativa y se siente desbordada. A diferencia del duelo
enmascarado, la persona es consciente de que sus síntomas están relacionados
con la pérdida.
Duelo enmascarado: el doliente experimenta síntomas y conductas que le dificultan su
vida sin ser conscientes de ello ni lo relaciona con la pérdida.
Consideraciones
actuales en la investigación del duelo
Si
entendemos el duelo como un proceso normal de adaptación por el que todas las
personas pasamos al sufrir una pérdida, ¿hay que intervenir con las personas en
duelo? ¿hay que dejar que el tiempo sea el que cure?. Actualmente hay
investigaciones centradas en esta cuestión, y en este sentido, Jesús A. García
(2008) presenta un estudio con viudas en
duelo temprano para evaluar la eficacia que puede tener intervenir en cuidados
básicos por médicos de atención temprana comparándolos con la
atención habitual realizada por los mismos. La conclusión a la que llega es que no solo no es más eficaz la intervención en duelo normal
sino que incluso puede ser menos beneficioso que los cuidados habituales proporcionados
por los médicos de atención primaria. Por
La
duración y la expresión de un duelo “normal” varía considerablemente entre
diferentes grupos culturales, y el diagnóstico de Trastorno Depresivo Mayor no
está indicado a menos que los síntomas se mantengan 2 meses después de la
pérdida. Sin embargo, la presencia de ciertos síntomas que no son
característicos de una reacción de duelo “normal” pueden ser útiles para
diferenciar el duelo del episodio depresivo mayor. Entre aquellos se
incluyen:
1. La culpa
por las cosas, más que por las acciones, recibidas o no por el superviviente en
el momento de morir la persona querida.
2. Pensamientos
de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente
debería haber muerto con la persona fallecida.
3. Preocupación
mórbida con sentimiento de inutilidad.
4. Inhibición
psicomotora acusada.
5. Deterioro
funcional acusado y prolongado.
6. Experiencias
alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la
persona fallecida.
Por lo
tanto el duelo patológico queda englobado dentro del Trastorno Depresivo Mayor.
La siguiente pregunta cae por su propio peso: ¿debe considerarse trastorno
mental?. Actualmente las investigaciones
se centran en esta cuestión así como en la efectividad de su tratamiento. Pringerson, una de las principales investigadoras
actuales del tema, ha realizado una propuesta para su inclusión como Trastorno
del Duelo Complicado en el DSM-V. (Zhang, El-Jawahri, y Pringerson, 2006).
Abriéndose el debate de la estigmatización o no del duelo al considerarlo
trastorno mental. En este sentido existe evidencia de la efectividad del
tratamiento psicoterapéutico en el Trastorno de Duelo Complicado (Shear et al.
2006) pero no en caso de duelo normal como ya hicimos referencia anteriormente.
Componente
social y cultural del duelo
La
participación comunitaria del duelo es un fenómeno que actualmente está sufriendo
cambios importantes aunque en las culturas rurales se mantiene todavía bastante
arraigado. Esta participación implica un acto de solidaridad ante un
acontecimiento que no es sólo personal y familiar sino también comunitario. La
muerte en las sociedades pequeñas es un acontecimiento que invade la estructura
social, por tanto no sólo se debe estudiar como un hecho privado sino como un
acontecimiento social (Di Nola, 2007).
Concretamente
este último supone que podamos encontrar problemas con aquellas personas, sobre
todo mayores, que no terminan de asumir la
pérdida porque no tienen un lugar físico donde acudir a llevar flores, limpiar
y visitar
a su familiar. Actualmente, y como idea pionera en España, en Córdoba se ha
realizado un proyecto destinado a esta nueva forma de exhumación de los
cadáveres denominado “El bosque de las cenizas”. Consiste en un espacio verde con
árboles dentro del cementerio donde los familiares de las personas incineradas
pueden llevar las cenizas para esparcirlas o enterrarlas en una urna
biodegradable. Este espacio además cuenta con una pérgola y un muro de los
recuerdos donde los familiares pueden celebrar actos sociales o escribir un
recordatorio a sus fallecidos. Todo esto facilita en el doliente la aceptación
de la pérdida.
En
resumen, nos encontramos con una nueva demanda de atención que implica al
individuo, a la familia, y al entorno social y comunitario. Por tanto es
preciso dar una respuesta adecuada y profesionalizada, entendiendo que el duelo
es una respuesta normal que no tiene que ser negativa o anómala, pero que
debemos saber orientar dados los nuevos cambios culturales y sociales que se
están produciendo. No obstante, podemos encontrarnos con personas en riesgo de
duelo con las que tengamos que prevenir la aparición de un duelo complicado, y
en caso de que aparezca diseñar un tratamiento adecuado así como su derivación
a un servicio especializado.
Entrevista general de duelo
Utilizando la propuesta de Barreto y Soler (2007) para la
elaboración personal del duelo, hemos modificado y adaptado este cuestionario
biográfico elaborando una entrevista semiestructurada que recoge todas las
áreas
importantes a evaluar en el Duelo. A
continuación se presenta un resumen de estas áreas (cuadro 3) adjuntando en el
anexo 4 la entrevista completa. En esta se dan instrucciones para su
realización, entendiendo que a la hora de evaluar a
una persona en duelo hemos de ser flexibles y dar el tiempo que sea necesario,
sobre todo en los primeros contactos. Por esta razón el número de sesiones
puede ser flexible (entre 1 y 3 sesiones). Se recomienda iniciarla con una
pregunta general referida a cada apartado, para lo que se recomienda utilizar
la primera que se presenta, pudiendo completar la información bien a posteriori
o bien en otra sesión. Posiblemente nos encontremos con información que ya
tenemos recogida anteriormente.
1 . DATOS PERSONALES
1.1. Afectado
1.2. Fallecido
2. CIRCUNSTANCIAS
DE LA PÉRDIDA
3. SITUACIÓN
ACTUAL
4. HISTORIA
DE LA RELACIÓN
5. RECURSOS
PERSONALES
5.1 Habilidades
sociales y de resolución de problemas
5.2 Salud
5.3 Situación
laboral
5.4 Valores y
creencias
6. FUNCIONAMIENTO
FAMILIAR
7. EXPECTATIVAS
8. DIAGNOSTICO
PSICOSOCIAL
9. LÍNEAS DE
INTERVENCIÓN
10. DERIVACIÓN
A OTROS SERVICIOS
11. PRONÓSTICO
12. OBSERVACIONES
Sesiones de orientación
Las pautas
generales a seguir son las siguientes.
1.- NORMALIZAR
síntomas. Cuando una persona pasa por una situación “anormal” experimenta una
serie de reacciones adaptativas a nivel físico, conductual, emocional y/o
cognitiva. Puede que nunca las haya padecido con anterioridad y la
interpretación que haga de ellas no sea la más ajustada a la realidad. Es, por
tanto, fundamental informarle de que sus respuestas (a cualquier nivel) en este
momento son normales, en concordancia con la situación que soporta, suele ser
una información bastante tranquilizadora.
INFORMAR
sobre el proceso de duelo. Ofrecer información a la persona sobre la normalidad
del proceso. Es importante dejar claro que deben darse tiempo y no tratar de
acelerar el proceso; es una situación por la que pasan todas las personas que
sufren una pérdida importante, aunque cada una es única y diferente. En este
sentido podemos utilizar para informar terminología como duelo, proceso de
duelo, luto (Tizón, 2004), siempre adaptándola
en función de cada persona:
Definición de duelo: conjunto de fenómenos que se ponen en
marcha tras la pérdida. Estos pueden ser psicológicos (proceso de duelo), psicosociales, sociales (el luto),
antropológicos e incluso económicos.
Proceso de duelo: conjunto de cambios psicológicos y
psicosociales, fundamentalmente emocionales, por lo que implica que la pérdida
se elabora internamente. Son un conjunto de emociones, representaciones
mentales y conductas vinculadas con la pérdida afectiva, la frustración o el
dolor. Como características más relevantes podemos resaltar (Poch y
Herrero, 2003):
.Es un proceso: las personas pueden tener la
sensación de que van a estar siempre así, de manera que les tranquiza saber que
el duelo evoluciona en el tiempo.
.Normal: nos
sucede a todos cuando padecemos una pérdida significativa, no obstante, existen
diferencias individuales en la forma de afrontarlo. Aunque pensemos, sintamos
o hagamos cosas que antes no pensábamos, sentíamos o hacíamos es normal
reaccionar así.
.Dinámico: cambia a lo largo del
tiempo, tiene oscilaciones del humor y de la sensación de bienestar-malestar.
Según Neimeyer, (2002), es un proceso largo que tiende a durar años en lugar de
meses e implica la aparición de “picos de duelo” que constituyen una parte normal y habitual
de la acomodación a la muerte de un ser querido.
.Que depende del reconocimiento
social: cuando una persona sufre una pérdida, es ella y su entorno los que se
ven afectados, y por tanto el proceso es individual y colectivo. Este
componente individual hace que la persona tenga reacciones diferentes ante el
mismo acontecimiento. La vertiente social implica los rituales propios de la
cultura.
Luto: Son ritos psicosociales del duelo;
manifestaciones externas, culturales, sociales y antropológicas e incluso
económicas, que ayudan o reglamentan la reacomodación social y psicosocial tras
la pérdida, en particular de una persona allegada.
Elaboración del duelo: el trabajo psicológico que, comienza
con un impacto afectivo y cognitivo, y termina con la aceptación de la nueva
realidad interna y externa.
3.
RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS. Es importante
ayudar y orientar a las personas a
solucionar determinados problemas que pueden surgir o agravarse a raíz de la
pérdida. Podemos orientar en función del caso:
Derivando
a algún servicio especializado si fuera pertinente (abogado, servicios
sociales,... )
Asesorando
en la toma de decisiones precipitadas. No es el momento de hacer grandes
cambios en su vida, es más adecuado intentar seguir donde vivíamos, no vender
ni comprar, etc... pedir ayuda ante
problemas que le preocupan.
4.
ORIENTACIÓN acerca del luto. En este punto hay que tener en cuenta las
diferencias culturales y es necesario conocer y respetar los ritos referidos al
duelo que propugna cada cultura. No obstante podemos tener en cuenta algunos
aspectos generales de nuestra cultura, a la que pertenecerán la mayoría de los
casos con los que trabajemos.
¿Es
o no apropiado vestir de negro?, ¿poner la televisión?, ¿salir a la calle?,...
son situaciones socio-culturales asociadas al duelo que hay que ir normalizando
conforme pase el tiempo. Puede ser
importante llevar a cabo algún ritual,
informar de lo adecuado en ese momento de ir al cementerio, llevar flores o
realizar cualquier otro ritual público (celebrar una misa...) y/o
privado para ayudar a hacer real la pérdida.
Hablar
o no del fallecido. Es importante que la persona tenga alguien con quién poder
expresar sus pensamientos, emociones, recuerdos... siendo apropiado hablar del
fallecido.
Importancia
del apoyo social, es fundamental en este momento tener una red social de apoyo,
personas cercanas y con las que el doliente se encuentre cómodo.
5.
ORIENTACIÓN SOBRE MENORES. Nuestra tendencia cultural es alejar a los menores
de todo lo referente a la muerte. Cuando se produce una pérdida y hay menores
involucrados directa o indirectamente, una de las demandas más comunes que
consultan los familiares es el asesoramiento acerca de las siguientes
cuestiones:
- Participación
de menores en el funeral. En este sentido las orientaciones que hay que
hacer van en función de la edad y madurez del
menor. (ver Módulo 5). Pero en general es adecuado que el menor
participe siguiendo estas pautas:
Si lo
solicita expresamente. No se debe obligar.
Una
edad adecuada puede ser a partir de los 6-7 años.
Ir
acompañados de un mayor que le explique la situación de manera apropiada.
Evitar
los momentos donde el nivel de emoción expresada sea más alto (momentos
iniciales...).
Decirle
la verdad, sin enmascararla con historias “se ha ido de viaje”, “desde donde está nos mira y protege” etc...
Hablar con
el menor de lo sucedido y responder a todas sus preguntas. Esta
información tiene que ser clara y adaptada a su edad. La persona más apropiada
será un familiar cercano. Se trata de dedicar un tiempo a hablar de la persona
fallecida, de la situación, emociones etc., sin que tenga que estar hablando
constantemente del tema.
Intentar no
cambiar la rutina normal del niño, ni hacer grandes cambios que afecten
a su vida cotidiana.
Informar al
centro educativo de la situación, simplemente por si observan algún
cambio digno de mención en el menor.
Informar
sobre las reacciones normales, en
distintas edades (anexo 6), facilitando a la persona estas indicaciones y la
posibilidad de consultar en cualquier momento.
Desde
nuestra experiencia éstas son las cuestiones más comunes que en caso de duelo
normal suelen planteársenos. Por último, es recomendable dejar abierta la
posibilidad de consultar cualquier duda o cambio que consideren oportuno al
igual que hacer un seguimiento. Suele tener efecto tranquilizador y facilita el
proceso.

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