miércoles, 27 de noviembre de 2013

TÉCNICAS DE PROTECCIÓN DE LA SALUD MENTAL EN LOS EQUIPOS DE RESPUESTA


 TÉCNICAS DE PROTECCIÓN DE LA SALUD MENTAL EN LOS EQUIPOS DE RESPUESTA
1.-        Reducir  la excitación
Existe varias estrategias para romper el ciclo de la tensión , obviamente identificar el agente estresor es un gran comienzo, esto va a permitir  identificar que cosas nos alteran o trastornan, pero debemos de recordar que no es posible ni deseable quitar todos los estresores de nuestra vida por que son ellos los que motivan, si los quitáramos nuestras aspiraciones y desafíos desaparecerían haciendo de nuestra vida una secuencia monótona.
En vez de evitarlos nosotros podemos reconstruir nuestro comportamiento diario para reducir la frecuencia de encuentros con los estresores negativos, sin tener que sacrificar nuestras metas, el método para abordar esto es una técnica desarrollada por Allen y Hyde, que la llamaron “Diseño social”, este método se orienta a enseñarnos que existe más de una forma de resolver un problema o enfrentar una situación social  o hacerla menos estresante, los pasos presentados en forma de interrogantes  a seguir son los siguientes:

   Identifique el estresor
Es decir que es lo que le esta causando malestar emocional

Defina el estresor
De lo anterior que parte es la resulta muy estresante, por ejemplo olores, lugares, sonidos, personas.

Puede el estresor ser evitado totalmente
 Si es posible simplemente evítelo o modifíquelo pidiendo ayuda, comprometiendo a otras personas, realizando una acción administrativa, etc. pero sino proceda al siguiente paso.

Qué ocurre si el estresor es evitado
En esta etapa se debe uno de preguntar que perdería yo si el estresor es evitado, tendría algún problema administrativo, afectaría mis planes o proyectos de vida.

Generar alternativas                    
La lluvia o tormenta de ideas es muy importante, anotando aquellas
 ideas que le sean útiles teniendo en cuenta lo planteado en el paso anterior.

Evalúe sus alternativas
Pregúntese si estas alternativas planteadas son factibles elimine aquellas que pueden generar más estrés
Seleccione la mejor alternativa
Póngala a prueba
Reevaluela y mejórela de ser posible
Practique este técnica hasta que sea una costumbre.

2.-          Administración del tiempo

La planificación del tiempo y de las actividades o compromisos es muy importante para reducir el estrés, el acostumbrarse a llevar una agenda o un block  de notas ayuda, también póngase metas y diseñe planes para alcanzar esta metas, con pasos realistas y alcanzables a corto plazo.

3.-          La negociación con la mente

En la administración del estrés esta técnica consiste en una reevaloración cognitiva (pensamiento) que nos permite controlar el estrés y sus significado que nosotros le damos para nuestra vida, muchas personas tienden a darle un significado catastrófico a lo que les pasa, piensa que nunca van a poder sobreponerse o que se están volviendo locos, al respecto muchos psicólogos le dicen a ud. que no hay nada tan horroroso que no tenga algún elemento positivo y no sea una oportunidad para su crecimiento personal, esta reevaloración cognitiva nos ayuda a encontrar el aspecto positivo de lo que nos esta pasando en lugar de solamente centrarnos en los aspectos negativos, trate de interpretar el suceso como un desafío en vez de un motivo para desesperarnos.

4.-          Técnicas de relajación

Actualmente el Instituto de Salud Mental de los Estados Unidos, la FEMA y  el Departamento de incendios USA, recomiendan la Implementación de técnicas de relajación concebidas como el manejo de la respiración profunda, la meditación y la relajación progresiva de los músculos, estas técnicas deben de ser dirigidas por un psicólogo emergencista.

5.-          Administración del tiempo libre

Saber como administrar nuestro tiempo libre es muy importante muchas personas no saben como utilizarlo y lo malgastan en actividades rutinarias otras se niegan a tomar un descanso y otras inclusive se llevan trabajo a casa o están pensando en lo que se estará haciendo en el trabajo en su ausencia.
Planifique su tiempo libre, recuerde que el tiempo libre no es solamente no hacer nada, muchas veces el cambiar de actividad y realizar aquel pasatiempo favorito, reúnase con personas que no estén vinculadas al servicio de emergencias, disfrute de una buena conversación con un viejo amigo, dedíquele tiempo a su pareja o esposa a solas o con sus hijos y sobre todo deje el radio en el cuartel o simplemente apagelo.


G.-         Participación de la familia

La pasión por el trabajo en los servicios de emergencia, también involucran a la familia, muchas parejas, esposas o hijos guardan por años profundos resentimientos por que sus esposos, padres, hijos o parejas no les dedican un poco de tiempo, que les escuchen sus problemas o necesidades o simplemente  viven a sobresalto de que algo malo les pueda pasar.
Se debe de involucrar a la familia en la actividad del servicio de emergencia, deben saber cuales son las exigencias y las consecuencias sobre la salud de sus parejas o esposos, motivárseles a que se conozcan entre ellas y sean capaces de darse apoyo en el momento que se requiera .


H.-         La Inteligencia Emocional

                Como hemos podido ver una costo del estrés es el cambio en el carácter , nos volvemos más agresivos o violentos, es decir tendemos a perder el control sobre nuestras emociones.

Peter Salovey de la Universidad de Yale  fue uno de los primeros que trabajo y acuño el termino “Inteligencia Emocional” como una forma para referirse a nuestra capacidad para manejar nuestras emociones, ser capaces de llevarnos bien con las personas que nos rodean, poder trabajar en equipo, tolerar ideas que no sean las nuestras, tener inciativa y creatividad.

Las emergencias y los desastres son situaciones de gran desbordamiento emocional, tenemos en cuenta que las emociones se contagian , podemos entender que fácil resultaría que los integrantes de los equipos de primera respuesta pierdan el control de sus emociones.

Goleman, nos dice que si la prueba de la habilidad social es la capacidad de aliviar las emociones alteradas de los demás, enfrentarse a alguien que está en pleno ataque de ira es tal vez la medida definitiva de la supremacía.

Los datos sobre autoregulación de la ira y contagio emocional sugieren que una estrategia eficaz podría ser distraer a la persona iracunda, mostrar empatía ( comprención) con sus sentimientos y su perspectiva y luego atraer su atención a un foco alternativo.


Goleman, haciendo una recopilación de diversos trabajos nos indica una serie
de estrategias para controlar el mal humor y la ira , al respecto nos dice que el arte de serenarnos es una habilidad fundamental para la vida y nosotros podemos añadir que es de vital importancia para los integrantes de los equipos de primera respuesta.

Dolf Zillmann de la Universidad de Alabama, descubrió que un disparador universal de la ira es la sensación de encontrarnos en peligro. El peligro puede estar signado no sólo por una amenaza física absoluta sino también, como ocurre con mayor frecuencia, por una amenaza simbólica a la autoestima o la dignidad (el insulto o la burla de los curiosos, el rechazo o reclamo de la familia de los accidentados o la agresión del propio accidentado).
Zillmann ha llegado a la conclusión de que cuando el organismo ya está en un estado de nerviosismo y algo dispara un asalto emocional (una provocación),la emoción consiguientes tiene una intensidad marcada, la ira se construye sobre la ira, en este punto la persona se vuelve implacable y es imposible razonar con la persona enfurecida, su pensamiento gira en torno a la venganza y la represalia, sin importar las consecuencias.

Una estrategia bastante efectiva es la de “enfriarse” fisiológicamente esperando que pase el aumento adrenalínico, durante una discusión

 esto significa librarnos momentáneamente de la  persona airada, la persona airada debe poner freno al ciclo del pensamiento hostil intensificado buscando alguna distracción.

La distracción es un poderoso recurso para alterar el humor, resulta difícil seguir furioso cuando estamos pensando en un momento agradable.
Diana Tice, psicóloga de la Universidad de Western Reserve, nos dice que una estrategia bastante eficaz consiste en quedarnos a solas mientras nos calmamos (un paseo  a pie, el ejercicio activo ayuda a aliviar la ira), lo mismo ocurre con los métodos de relajación como el respirar profundamente y relajar los músculos, tal vez porque modifica la fisiología del organismo que pasa de una elevada excitación de la ira a un estado de excitación menor y tal vez también porque nos distrae de cualquier cosa que pueda disparar la ira.

Tice descubrió también que dar rienda suelta a la ira es una de las peores formas de calmarlas , los estallidos de ira intensifican la excitación del cerebro.
La clave del control de la ira esta en detener el torrente de pensamientos antes que estos se conviertan en furia incontrolable, para lograr esto uno debe de entrenarse en saber reconocer cuando aparecen estos pensamientos y no permitir que prosperen y crezcan , congelándolos en el pensamiento y sustitullendolos por pensamientos agradables o neutros.

El Programa New Haven, en su programa de “habilidades para la vida” propone otra estrategia efectiva la cual se basa en los siguientes  seis pasos  que recuerdan los colores de un semáforo :

Luz roja                :              1.-          Deténte, cálmate y piensa antes de actuar

Luz amarilla        :              2.-          Cuenta el problema y di cómo te sientes.
                                               3.-          Propónte un objetivo positivo.
                                               4.-          Piensa en una cantidad de soluciones
                                               5.-          Piensa en las consecuencias posteriores.
Luz verde                           6.-          Adelante y pon en práctica el mejor plan.

PROTECCIÓN DE LA SALUD MENTAL EN LOS EQUIPOS DE RESPUESTA
Santiago Valero.

No existe ningún tipo de entrenamiento que pueda eliminar completamente la posibilidad de que una persona que trabaja con víctimas y cantidades importantes de lesionados y cadáveres en el marco de una situación de desastre, sea afectada en el orden psíquico. Los trabajadores de emergencias enfrentan situaciones específicas, como pueden ser la falla en la misión, la vivencia de excesivo sufrimiento humano, las muertes traumáticas, los cuerpos mutilados o quemados, las situaciones amenazantes para su propia integridad física, la pérdida de compañeros de equipo o presenciar accidentes masivos (1, 2).
El estrés agudo es uno de los riesgos ocupacionales más graves en el servicio de emergencias, porque afecta la salud y el desempeño en el trabajo, así como la vida familiar y espiritual.
El evento traumático puede producir una serie de reacciones emocionales, conductuales y fisiológicas, y tiene el potencial de interferir en las habilidades para actuar en el lugar de las operaciones en forma inmediata o, posteriormente, en el retorno a la rutina laboral y familiar (2). Los problemas emocionales también pueden promover el mayor consumo de alcohol o drogas.
Es responsabilidad de los líderes proteger no solamente la salud física sino también la salud mental de los integrantes de los equipos de respuesta como única garantía para cumplir con éxito las tareas y proteger al personal contra los efectos destructivos del estrés.
El trabajo en desastres y emergencias incluye el enfrentamiento a situaciones estresantes, como las siguientes:
• Largas horas de esfuerzo continuo.
• Lucha contra el tiempo por salvar vidas.
• Trabajo en ambientes adversos (estructuras colapsadas, derrames químicos, etc.).
• Trabajo en condiciones climáticas adversas (lluvias persistentes, réplicas de sismos y otras).
• Labores pesadas (como remoción de escombros).
• Presión por tener que trabajar ante la presencia de periodistas.
• Equipo inadecuado o insuficiente.
• Alteración en el ritmo diario de vida (como dormir y comer).
• Labor de triage (procedimiento utilizado para clasificar a los heridos, lesionados y afectados, en el lugar del incidente, según su gravedad y prioridad para la atención y evacuación).
• Servicios públicos esenciales destruidos.
• Presión por parte del público por encontrar a sus familiares desaparecidos.
• Información confusa o contradictoria, rumor o desinformación.
Factores de riesgo
Existen condiciones que influyen en la eficiencia de los equipos de respuesta y que favorecen la aparición de problemas psicosociales. A continuación abordamos algunos de ellos (4).
Factores individuales
• Enfermedades crónicas como asma, cardiopatías, hipertensión arterial, úlceras y diabetes, entre otras.
• Problemas o situaciones previas que provocaron estrés, por ejemplo, la pérdida del empleo, conflictos familiares, divorcio, enfermedades de algún miembro de la familia, etc. Las experiencias traumáticas anteriores vulneran la capacidad de resistencia y pueden dar lugar a reacciones violentas o incapacitantes.
• La edad: los más jóvenes están más propensos a sufrir problemas emocionales que los mayores (2). Se recomienda que los adolescentes y jóvenes sean destinados a labores administrativas u organizativas y se evite exponerlos a situaciones de gran sufrimiento humano.
• Pérdidas personales o lesiones: en ocasiones, los integrantes de los equipos de ayuda han perdido familiares cercanos o bienes personales en el desastre; esta situación los puede incapacitar para tomar decisiones objetivas o hacer perder la concentración necesaria para realizar sus labores.
• El personal de respuesta puede resultar lesionado por las labores encomendadas y tener que ser retirado del lugar; los sentimientos de frustración y de culpa pueden ser muy grandes al sentir que no pueden seguir realizando las acciones para las cuales han sido preparados.
• Las primeras personas que llegan a la emergencia, o los que tienen mayor contacto con las víctimas, tienen más problemas psicológicos que los que van llegando posteriormente debido, fundamentalmente, al impacto visual que puede ejercer la magnitud de la devastación sufrida y el estado en que se encuentren las personas o los cadáveres.

Factores interpersonales
• Las responsabilidades laborales pueden generar situaciones de conflicto con la familia, por ejemplo, por un lado, querer participar en las labores de la emergencia, y, por otro, la presión familiar para que se cumpla con las responsabilidades, en especial, si se tienen hijos pequeños o familiares enfermos.
• El tiempo prolongado de separación de los integrantes de los equipos de respuesta de sus estructuras de soporte social (familia, comunidad, amigos, etc.) puede generar sentimientos de nostalgia y de haber sido olvidados.
• Muchas peculiaridades propias de cada personalidad (humor negro, conducta desconfiada, tardanza, mal humor, etc.) son normalmente aceptadas; sin embargo, en situaciones de emergencias y cuando los colectivos están bajo presión prolongada, pueden causar conflictos interpersonales.

Factores comunitarios
• Los medios de comunicación social y los curiosos en la escena de la emergencia pueden contribuir a aumentar la presión emocional sobre los equipos de respuesta.
• La presencia de grupos armados o de violencia política hace que el desempeñar labores humanitarias incremente el riesgo y la tensión, en especial, si hay antecedentes de violaciones de los derechos humanos, secuestros y muertes que involucran también a los integrantes de los equipos de respuesta.

Factores propios del desastre
• El tipo de desastre afecta de diferentes formas a la comunidad. Un desastre de tipo tecnológico produce más estrés para las víctimas y los equipos de respuesta que los desastres naturales; causan gran sentimiento de cólera porque, tal vez, podría haberse evitado. También, produce mayor temor e incertidumbre porque el agente causante del desastre (fuga radioactiva, contaminación química, etc.) no puede verse, es de difícil control y sus efectos duran mucho tiempo.
• Los desastres que suceden de noche producen más víctimas y problemas emocionales que los que ocurren durante el día, porque la gente está dormida; su respuesta inicial es más lenta y más confusa, lo que dificulta la orientación y la evacuación.
• La duración del desastre también es un factor que afecta, no solamente a la población, sino también a los equipos de respuesta.
• El grado de incertidumbre y la presencia de réplicas en el caso de los grandes sismos, la inestabilidad de estructuras colapsadas, la presencia de materiales peligrosos que no son registrados por los sentidos, los rumores de grupos armados en la zona o la amenaza de ataques son, entre otras, condiciones que influyen sobre los equipos de respuesta.
• El cambio repentino del aspecto físico de la comunidad (cuando el evento adverso ha sido muy devastador) tiende a dificultar la comprensión de lo acontecido y tiene un fuerte impacto psicológico sobre los sobrevivientes y los equipos de respuesta.
• Las situaciones que generan las emergencias complejas representan una amenaza permanente a la integridad física de la población y de los equipos de respuesta.
Estímulos traumáticos
A través de sus experiencias, los integrantes de los equipos de respuesta han aprendido una serie de estrategias para evitar quedar inmovilizados por las escenas de un desastre. Sin embargo, hay algunos estímulos traumáticos que afectan seriamente a este personal como, por ejemplo, los siguientes:
• Entrar en contacto directo con víctimas durante un tiempo prolongado, mientras luchan por lograr su rescate o atención; en ocasiones, algunas de ellas mueren.
• Encontrar cadáveres de niños o con graves heridas; el personal tiende a identificarse con ellos, en especial, si tienen hijos con edades similares.
• La presencia de gran número de cadáveres, en especial, si están seriamente mutilados o tienen varios días, o si descubren conocidos entre ellos.

Problemas de organización
Son aquéllos provenientes de la misma organización de la estructura en la cual interactúa el trabajador y son característicos de las situaciones de desastres (4).
• Ausencia de un lugar dónde descansar, déficit en el suministro oportuno de agua potable y comida, ausencia de servicios higiénicos y de privacidad.
• Falla en la misión (rescatar personas con vida, apagar un incendio, llegar en forma oportuna con la ayuda humanitaria, etc.), especialmente, si se presentó por descuido, impericia, agotamiento o confusión en las órdenes.
• Presión ocupacional: la necesidad de cumplir con muchas tareas en forma rápida y oportuna.
• Demandas del trabajo que requiere de un gran esfuerzo físico y mental por tiempo prolongado y en condiciones adversas. Además, exige de precisión de criterios, juicio, habilidad para elaborar cálculos y decidir muchas veces entre la vida y la muerte.
• Interferencia en sus funciones: se presenta cuando equipos de respuesta de diferentes instituciones trabajan juntos por primera vez o cuando existe rivalidad entre ellos. Puede ocurrir que intenten imponer sus propios estilos y procedimientos o traten de captar la atención de los medios de comunicación social.
• Bajas recompensas: los integrantes de los equipos de respuesta son extremadamente sensibles al reconocimiento de tipo social (no necesariamente material); tienden a reaccionar con elevados niveles de frustración cuando no son reconocidos en forma oportuna.
• Conflicto en las funciones: cuando el trabajador se enfrenta ante situaciones de difícil decisión, como es el caso del personal que tiene que decidir entre su trabajo y su participación en una emergencia de larga duración, entre su responsabilidad familiar y su ausencia prolongada por las demandas de un desastre, o cuando se tiene que actuar como jefe o como amigo.
• Ambigüedad en la función: cuando los trabajadores de los equipos de desastre se encuentran en una atmósfera de confusión e incertidumbre, en relación con el tipo de trabajo que tienen que realizar, el alcance de sus responsabilidades o los objetivos por cumplir, debido a la inexistencia de planes o que estos no son aplicables.
• Incomodidad en la función: cuando el personal tiene que realizar tareas para las cuales no han sido preparados.

Señales de afectación psicológica en el personal de los equipos de respuesta (5)
Que requieren una acción correctiva inmediata
Que no requieren una acción correctiva inmediata
Aspecto físico
• dolor en el pecho
• dificultad respiratoria
• presión arterial alta
• arritmia cardiaca
• señales de choque
• deshidratación excesiva
• vértigo
• vómito excesivo
Aspecto físico
• náuseas
• malestar estomacal
• temblor
• sudoración profusa
• diarrea
• aceleración del pulso
• dolores musculares
• boca seca
• alteraciones del sueño
• sobresaltos
• problemas en la visión
• fatiga
Aspecto cognitivo
• dificultad para tomar decisiones
• estado hiperalerta
• confusión mental generalizada
• desorientación en persona, tiempo o lugar
• dificultad para nombrar artículos familiares
• dificultad para reconocer a personas familiares
Aspecto cognitivo
• turbación
• dificultad para el cálculo
• concentración deficiente
• tendencia a culpar a terceras personas
• dificultad para mantener la atención
Aspecto emocional
• reacciones fóbicas
• pérdida del control emocional
• reacciones de pánico
• emociones impropias
Aspecto emocional
• pesar
• tristeza
• extrañamiento
Aspecto conductual
• violencia
• actos antisociales
• labilidad emocional, como llorar por cualquier cosa
• explosiones de enojo
• extrema hiperactividad
Aspecto conductual
• cambio en la forma habitual de actuar
• alejamiento
• suspicacia
• cambios en su comunicación interpersonal
• cambios en las relaciones interpersonales
• aumento o disminución del apetito
• aumento en el consumo de tabaco o alcohol
• estado hiperalerta
• excesivo silencio
• comportamiento inusitado
Estrategia de intervención
Cualquiera de estos síntomas demandan, por lo general, el relevo del trabajador o su evacuación a un centro asistencial.
Estrategia de intervención
Se recomienda un repliegue a una zona de descanso acompañado de un proceso de apoyo psicológico o la inserción a un programa de actividades preventivas de manejo del estrés posterior al incidente traumático.
Actividades preventivas
El personal profesional especializado en salud mental que realice intervenciones psicosociales con los integrantes de los equipos de primera respuesta debe, en la medida de lo posible, pertenecer a sus filas y conocer internamente las características de su trabajo (3).
A continuación, se propone una serie de actividades para prevenir los efectos negativos del trabajo de los equipos de respuesta:
• Debe existir una cuidadosa selección de los postulantes a integrarse a los equipos de respuesta, con especial énfasis en el descarte de personas con trastornos de personalidad.
• Definir perfiles para cada tipo de especialidad o labor en el trabajo de respuesta, como son las labores de rescate, atención de salud, combate de incendios, manejo de materiales peligrosos y trabajo humanitario en emergencias complejas, entre otros, con la finalidad de poder designar al personal más idóneo para cada tipo de tarea.
• Pautar, como rutina anual, un proceso de evaluación en salud mental con la finalidad de identificar de manera oportuna el agotamiento emocional, los síntomas de estrés postraumático y otros trastornos psíquicos.
• Establecer anualmente actividades de prevención del estrés ocupacional y autocuidado de la salud mental orientado, diseñando y difundiendo materiales educativos de fácil lectura y comprensión.
• Incluir en las acciones de protección de la salud mental una amplia gama de trabajadores; un ejemplo puede ser el personal que se desempeña en las centrales telefónicas de emergencias.
• Extender los cuidados de la salud mental a las familias de los integrantes de los equipos de respuesta, con la finalidad de prevenir la violencia y otros conflictos familiares, así como para involucrarlas en el conocimiento del trabajo que realizan estos equipos y el estrés al cual están sujetos.
• Los programas de capacitación y entrenamiento deben evaluar la capacidad de los participantes para trabajar bajo presión, realizar labores en equipo, tolerar la frustración y manejar el miedo.
• Incluir temas relacionados con el autocuidado de la salud mental, en los contenidos temáticos.
• Enseñar a reconocer las reacciones psicológicas que requieren una acción correctiva inmediata, con la finalidad de dar el apoyo necesario en forma oportuna.
• Preparar un grupo de intervención en crisis conformado por personal con experiencia, que se encargará de dar la información a la familia, cuando un integrante de los equipos de respuesta resulte lesionado o fallezca en cumplimiento del servicio.

Alimentación
La alimentación para el personal involucrado en una misión prolongada debe ser de gran interés para los directivos de los equipos de respuesta, si desean tener al personal activo y funcionando.
Sugerencias
• Durante los períodos de estrés agudo o crónico, las fuentes de vitaminas y sales minerales en los alimentos pueden resultar insuficientes, por lo que se hace recomendable la ingestión de cantidades adicionales de vitaminas B y C.
• Se recomienda la ingestión periódica de líquidos, en especial, los que contengan electrolitos o jugos naturales, que pueden llevarse en cantimploras o termos.
• El personal de emergencias no necesita alimentos ricos en azúcares. Existe una tendencia a dar caramelos, dulces, gaseosas y chocolates a los trabajadores de emergencia, con la falsa creencia de que esto ayuda a reponer energías. Se recomienda su sustitución por frutas.
• La cafeína puede aumentar el ritmo cardiaco, elevar la presión sanguínea y provocar una mayor demanda de oxígeno; su consumo excesivo puede causar dolores de cabeza, diarrea, inquietud, arritmia cardiaca, nerviosismo, irritabilidad e insomnio. Cualquier cantidad de cafeína mayor de 250 mg por día se considera excesiva y casi siempre ocasiona efectos negativos; algunas personas reaccionan negativamente a la cafeína a dosis menores. Se debe tener presente que cada taza contiene aproximadamente 110 mg de cafeína; a esta cantidad se agregan otras cantidades obtenidas de otras fuentes, como el chocolate, el té y las bebidas de cola. Se recomienda reducir o evitar el consumo de café, té, bebidas de cola o chocolate; es mejor sustituirlos por agua mineral, jugo de frutas o leche, sales hidratantes y electrolitos por vía oral.
• Las grasas no son una buena fuente de energía en situaciones de emergencia en la cuales el personal de respuesta está sometido, frecuentemente, a una elevada actividad física, ya que las grasas necesitan tomar oxígeno del cuerpo para poder desdoblarse.
• Es recomendable una alimentación alta en calorías con productos no perecederos, como frutas secas, avellanas, granos, nueces, etc.
• Recordar que, en una situación de estrés, la digestión se hace lenta por la redistribución de la sangre hacia los músculos y el cerebro; por consiguiente, una comida difícil de digerir o muy abundante puede traer problemas.
• Evitar el consumo de alcohol.

Actividad física
• Practicado como medida preventiva contra el estrés, el ejercicio físico exige cierta regularidad; 30 minutos, tres veces por semana, aportan efectos beneficiosos.
• Después de un periodo de servicio, no es recomendable dormir de inmediato; debería hacerse un poco de ejercicio físico antes.
• La actividad física metaboliza los subproductos de la reacción de estrés, los cuales, de otro modo, podrían ser nocivos (1).
• Sustancias como la noradrenalina hacen más vulnerable a la persona con respecto a las emociones negativas, como el miedo y la cólera; la actividad física ayuda a su metabolismo.

Pautas para el cuidado de la salud mental en operaciones de desastres
• Durante la fase de alarma, proporcionar al trabajador de respuesta toda la información posible sobre lo acontecido.
• Informar de manera regular a los miembros de los equipos de respuesta sobre el estado de sus familiares y su localización.
• Cada miembro de los equipos de respuesta debe desarrollar un sistema de acompañamiento con otro trabajador. Los dos deben estar vigilantes y atentos entre sí, preguntándose cómo se sienten, recordarse la hora de tomar sus alimentos y darse aliento mutuamente (6).
• En las operaciones de larga duración, los trabajadores deben tomar un tiempo de descanso, con la finalidad de evitar la fatiga emocional y los errores (7).
• Establecer una reunión en cada cambio de turno o de equipo para intercambiar información y comunicar qué es lo que está ocurriendo; esto también sirve como oportunidad para desfogar frustraciones y malas interpretaciones. Debe permitirse que se hable sobre los sentimientos y no censurarlos. Tener a quién recurrir y con quién hablar, alguien que pueda ofrecer consuelo, ayuda y sugerencias, protege del impacto negativo de los rigores y las vivencias de las operaciones de emergencias.
• Se sugiere que se realicen caminatas conjuntas lejos del área de trabajo, hablándose de temas comunes y no solamente lo referido al desastre.
• Organizar actividades sociales y practicar algún deporte, de preferencia no competitivo.
• Mantener el contacto con los amigos y la familia. Cuando se empacan las cosas para salir al lugar del desastre, es bueno incluir en el equipo artículos que le permitan mantener un contacto psicológico con la familia (fotos, tarjetas humorísticas, etc.).
• El contacto telefónico frecuente (cuando es posible) con la familia y las amistades es vital; permite intercambiar experiencias y saber cómo están sus seres queridos e impide que cuando se retorne al hogar se sienta como un extraño.
• Fomentar la integración del equipo de trabajo; si el individuo siente que cuenta con el apoyo del grupo, se verá protegido contra los efectos negativos del estrés.

Los equipos o profesionales de salud mental pueden y deben jugar un importante papel en la atención de los miembros de equipos de respuesta. Pueden observar el funcionamiento de los trabajadores, darles soporte, ofrecer atención especializada si se requiere y avisar a los líderes o tomadores de decisiones sobre el nivel de fatiga, así como de las reacciones de frustración o de fracaso.
Pautas para el cuidado de la salud mental al retornar a las acciones rutinarias
• Las técnicas de relajación, el manejo de la respiración profunda y la meditación ayudan en el proceso de recuperación y de retorno a la actividad rutinaria o la vida habitual (5); sin embargo, no se recomiendan cuando el personal tiene que continuar en las labores humanitarias o de rescate en poco tiempo.
• Involucrar a la familia contribuye a prevenir los conflictos en su interior; muchas personas guardan, por años, profundos resentimientos porque sus padres, hijos o parejas no les dedicaron tiempo, no les escucharon sus problemas o, simplemente, viven con el temor de que algo malo les pueda pasar en sus misiones humanitarias. La familia debe saber cuáles son las exigencias y las consecuencias sobre la salud física y mental del trabajo que realizan; así mismo, debe motivarse a las familias para que se conozcan entre sí y sean capaces de darse apoyo mutuo.
• Evitar el consumo de alcohol; si bien sus efectos iniciales son estimulantes, el efecto final es depresor y puede provocar la evocación masiva de recuerdos desagradables con el consiguiente malestar psicológico.
• Escribir relatos de los acontecimientos les ayuda a algunas personas a revalorar lo sucedido y darle un sentido a las labores que realizaron, y se convierte en una oportunidad para que expresen sus sentimientos al respecto.

Recomendaciones para los líderes de los equipos de respuesta
Los líderes o personas con responsabilidades en los equipos de respuesta deben tener presente las siguientes recomendaciones, con la finalidad de facilitar el trabajo, mantener la motivación y la moral, así como para cuidar la salud mental de sus subordinados y compañeros de tareas:
• El reconocimiento público y oportuno por el esfuerzo desplegado es muy importante para mantener la autoestima y la confianza del personal.
• Asegurar un mínimo de condiciones en el trabajo, como facilidades de servicios higiénicos, alimentación apropiada y oportuna, agua potable, un lugar de descanso lejos de la escena del desastre y establecer horarios de trabajo.
• No permitir que el personal retorne a su rutina diaria sin antes haber pasado por un proceso de apoyo psicológico, que consiste básicamente en dar la oportunidad para que puedan expresar libremente sus sentimientos, lo que piensan sobre lo ocurrido, las acciones que se han realizado y qué es lo que más les ha afectado en la labor realizada; así mismo, se les debe instruir sobre los posibles síntomas que pueden experimentar en los días subsiguientes y otras recomendaciones (por ejemplo, alimentación, ejercicios, etc.). Esta atención puede realizarla el personal de salud mental asignado al equipo de respuesta.
• En caso de que algún integrante de los equipos de respuesta sufra una lesión importante, debe ser atendido y evacuado inmediatamente. Su permanencia prolongada en el terreno de trabajo tiende a desmoralizar al resto de los integrantes.
• En caso de un incidente que involucre a un integrante de los equipos de respuesta, evite que la familia se entere por la prensa u otras vías alternas; debe movilizarse un grupo de intervención en crisis para informar y atender a la familia.
• Cuando no es posible rotar al personal porque la situación no lo permite, una estrategia alterna es la de reasignarlo a tareas diferentes. Esto facilita que se rompa la visión en túnel que frecuentemente acompaña a un estrés prolongado, que se presenta por el trabajo agotador.
• Se debe tener presente que los líderes también pueden afectarse emocionalmente. Un líder agotado puede fracasar en su labor de dirección.



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jueves, 21 de noviembre de 2013

DUELO E INTERVENCIÓN PSICOLOGICA DE CADÁVERES EN SITUACIÓN DE DESASTRES.


DUELO E INTERVENCIONPSICOLOGICA DE CADAVERES EN SITUACION DE DESASTRES.

Si nos referimos al duelo complicado, nos podemos encontrar con distintos tipos (Worden, 1996):
Duelo crónico: tiene una duración excesiva y nunca llega a una conclusión satisfactoria, la persona que lo sufre es consciente de que no consigue acabarlo.
Duelo retrasado: también se denominan duelos inhibidos, suprimidos o pospuestos. La reacción producida en un primer momento no fue suficiente, de manera que se pueden desencadenar respuestas retrasadas en cualquier otro momento posterior a la pérdida siendo estas desproporcionadas con respecto al acontecimiento que las desencadena actualmente.
Duelo exagerado: respuestas exageradas que el doliente experimenta tras la pérdida. La persona tiene una conducta desadaptativa y se siente desbordada. A diferencia del duelo enmascarado, la persona es consciente de que sus síntomas están relacionados con la pérdida.
Duelo enmascarado: el doliente experimenta síntomas y conductas que le dificultan su vida sin ser conscientes de ello ni lo relaciona con la pérdida.

Consideraciones actuales en la investigación del duelo

Si entendemos el duelo como un proceso normal de adaptación por el que todas las personas pasamos al sufrir una pérdida, ¿hay que intervenir con las personas en duelo? ¿hay que dejar que el tiempo sea el que cure?. Actualmente hay investigaciones centradas en esta cuestión, y en este sentido, Jesús A. García (2008) presenta un estudio con viudas en duelo temprano para evaluar la eficacia que puede tener intervenir en cuidados básicos por médicos de atención temprana comparándolos con la atención habitual realizada por los mismos. La conclusión a la que llega es que no solo no es más eficaz la intervención en duelo normal sino que incluso puede ser menos beneficioso que los cuidados habituales proporcionados por los médicos de atención primaria. Por
La duración y la expresión de un duelo “normal” varía considerablemente entre diferentes grupos culturales, y el diagnóstico de Trastorno Depresivo Mayor no está indicado a menos que los síntomas se mantengan 2 meses después de la pérdida. Sin embargo, la presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una reacción de duelo “normal” pueden ser útiles para diferenciar el duelo del episodio depresivo mayor. Entre aquellos se incluyen: 
1.     La culpa por las cosas, más que por las acciones, recibidas o no por el superviviente en el momento de morir la persona querida.
2.     Pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería haber muerto con la persona fallecida.
3.     Preocupación mórbida con sentimiento de inutilidad.
4.     Inhibición psicomotora acusada.
5.     Deterioro funcional acusado y prolongado.
6.     Experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida.
Por lo tanto el duelo patológico queda englobado dentro del Trastorno Depresivo Mayor. La siguiente pregunta cae por su propio peso: ¿debe considerarse trastorno mental?. Actualmente las  investigaciones se centran en esta cuestión así como en la efectividad de su tratamiento.  Pringerson, una de las principales investigadoras actuales del tema, ha realizado una propuesta para su inclusión como Trastorno del Duelo Complicado en el DSM-V. (Zhang, El-Jawahri, y Pringerson, 2006). Abriéndose el debate de la estigmatización o no del duelo al considerarlo trastorno mental. En este sentido existe evidencia de la efectividad del tratamiento psicoterapéutico en el Trastorno de Duelo Complicado (Shear et al. 2006) pero no en caso de duelo normal como ya hicimos referencia anteriormente.

Componente social y cultural del duelo

La participación comunitaria del duelo es un fenómeno que actualmente está sufriendo cambios importantes aunque en las culturas rurales se mantiene todavía bastante arraigado. Esta participación implica un acto de solidaridad ante un acontecimiento que no es sólo personal y familiar sino también comunitario. La muerte en las sociedades pequeñas es un acontecimiento que invade la estructura social, por tanto no sólo se debe estudiar como un hecho privado sino como un acontecimiento social (Di Nola, 2007).
Concretamente este último supone que podamos encontrar problemas con aquellas personas, sobre todo mayores, que no terminan de asumir la pérdida porque no tienen un lugar físico donde acudir a llevar flores, limpiar y visitar a su familiar. Actualmente, y como idea pionera en España, en Córdoba se ha realizado un proyecto destinado a esta nueva forma de exhumación de los cadáveres denominado “El bosque de las cenizas”. Consiste en un espacio verde con árboles dentro del cementerio donde los familiares de las personas incineradas pueden llevar las cenizas para esparcirlas o enterrarlas en una urna biodegradable. Este espacio además cuenta con una pérgola y un muro de los recuerdos donde los familiares pueden celebrar actos sociales o escribir un recordatorio a sus fallecidos. Todo esto facilita en el doliente la aceptación de la pérdida.
En resumen, nos encontramos con una nueva demanda de atención que implica al individuo, a la familia, y al entorno social y comunitario. Por tanto es preciso dar una respuesta adecuada y profesionalizada, entendiendo que el duelo es una respuesta normal que no tiene que ser negativa o anómala, pero que debemos saber orientar dados los nuevos cambios culturales y sociales que se están produciendo. No obstante, podemos encontrarnos con personas en riesgo de duelo con las que tengamos que prevenir la aparición de un duelo complicado, y en caso de que aparezca diseñar un tratamiento adecuado así como su derivación a un servicio especializado.
Entrevista general de duelo
Utilizando la propuesta de Barreto y Soler (2007) para la elaboración personal del duelo, hemos modificado y adaptado este cuestionario biográfico elaborando una entrevista semiestructurada que recoge todas las áreas
importantes a evaluar en el Duelo. A continuación se presenta un resumen de estas áreas (cuadro 3) adjuntando en el anexo 4 la entrevista completa. En esta se dan instrucciones para su realización, entendiendo que a la hora de evaluar a una persona en duelo hemos de ser flexibles y dar el tiempo que sea necesario, sobre todo en los primeros contactos. Por esta razón el número de sesiones puede ser flexible (entre 1 y 3 sesiones). Se recomienda iniciarla con una pregunta general referida a cada apartado, para lo que se recomienda utilizar la primera que se presenta, pudiendo completar la información bien a posteriori o bien en otra sesión. Posiblemente nos encontremos con información que ya tenemos recogida anteriormente.
      1 . DATOS PERSONALES
1.1.  Afectado
1.2.  Fallecido
2.  CIRCUNSTANCIAS DE LA PÉRDIDA
3.  SITUACIÓN ACTUAL
4.  HISTORIA DE LA RELACIÓN
5.  RECURSOS PERSONALES
5.1 Habilidades sociales y de resolución de problemas
5.2 Salud
5.3 Situación laboral

5.4 Valores y creencias
6.    FUNCIONAMIENTO FAMILIAR
7.    EXPECTATIVAS
8.    DIAGNOSTICO PSICOSOCIAL
9.    LÍNEAS DE INTERVENCIÓN
10. DERIVACIÓN A OTROS SERVICIOS
11. PRONÓSTICO
12. OBSERVACIONES
 Sesiones de orientación
Las pautas generales a seguir son las siguientes.
1.- NORMALIZAR síntomas. Cuando una persona pasa por una situación “anormal” experimenta una serie de reacciones adaptativas a nivel físico, conductual, emocional y/o cognitiva. Puede que nunca las haya padecido con anterioridad y la interpretación que haga de ellas no sea la más ajustada a la realidad. Es, por tanto, fundamental informarle de que sus respuestas (a cualquier nivel) en este momento son normales, en concordancia con la situación que soporta, suele ser una información bastante tranquilizadora.
INFORMAR sobre el proceso de duelo. Ofrecer información a la persona sobre la normalidad del proceso. Es importante dejar claro que deben darse tiempo y no tratar de acelerar el proceso; es una situación por la que pasan todas las personas que sufren una pérdida importante, aunque cada una es única y diferente. En este sentido podemos utilizar para informar terminología como duelo, proceso de duelo,  luto (Tizón, 2004), siempre adaptándola en función de cada persona:

Definición de duelo: conjunto de fenómenos que se ponen en marcha tras la pérdida. Estos pueden ser psicológicos (proceso de duelo),  psicosociales, sociales (el luto), antropológicos e incluso económicos.
Proceso de duelo: conjunto de cambios psicológicos y psicosociales, fundamentalmente emocionales, por lo que implica que la pérdida se elabora internamente. Son un conjunto de emociones, representaciones mentales y conductas vinculadas con la pérdida afectiva, la frustración o el dolor. Como características más relevantes podemos resaltar (Poch y Herrero,  2003):
 .Es un proceso: las personas pueden tener la sensación de que van a estar siempre así, de manera que les tranquiza saber que el duelo evoluciona en el tiempo.
.Normal: nos sucede a todos cuando padecemos una pérdida significativa, no obstante, existen diferencias individuales en la forma de afrontarlo. Aunque pensemos, sintamos o hagamos cosas que antes no pensábamos, sentíamos o hacíamos es normal reaccionar así.
.Dinámico: cambia a lo largo del tiempo, tiene oscilaciones del humor y de la sensación de bienestar-malestar. Según Neimeyer, (2002), es un proceso largo que tiende a durar años en lugar de meses e implica la aparición de “picos de duelo” que constituyen una parte normal y habitual de la acomodación a la muerte de un ser querido.
.Que depende del reconocimiento social: cuando una persona sufre una pérdida, es ella y su entorno los que se ven afectados, y por tanto el proceso es individual y colectivo. Este componente individual hace que la persona tenga reacciones diferentes ante el mismo acontecimiento. La vertiente social implica los rituales propios de la cultura.
Luto: Son ritos psicosociales del duelo; manifestaciones externas, culturales, sociales y antropológicas e incluso económicas, que ayudan o reglamentan la reacomodación social y psicosocial tras la pérdida, en particular de una persona allegada.
Elaboración del duelo: el trabajo psicológico que, comienza con un impacto afectivo y cognitivo, y termina con la aceptación de la nueva realidad interna y externa.
3. RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS.  Es importante ayudar y orientar a las personas  a solucionar determinados problemas que pueden surgir o agravarse a raíz de la pérdida. Podemos orientar en función del caso:
Derivando a algún servicio especializado si fuera pertinente (abogado, servicios sociales,... )
Asesorando en la toma de decisiones precipitadas. No es el momento de hacer grandes cambios en su vida, es más adecuado intentar seguir donde vivíamos, no vender ni comprar, etc...  pedir ayuda ante problemas que le preocupan.
4. ORIENTACIÓN acerca del luto. En este punto hay que tener en cuenta las diferencias culturales y es necesario conocer y respetar los ritos referidos al duelo que propugna cada cultura. No obstante podemos tener en cuenta algunos aspectos generales de nuestra cultura, a la que pertenecerán la mayoría de los casos con los que trabajemos.
¿Es o no apropiado vestir de negro?, ¿poner la televisión?, ¿salir a la calle?,... son situaciones socio-culturales asociadas al duelo que hay que ir normalizando conforme pase el tiempo.  Puede ser importante llevar a cabo algún ritual, informar de lo adecuado en ese momento de ir al cementerio, llevar flores o realizar cualquier otro ritual público (celebrar una misa...) y/o privado para ayudar a hacer real la pérdida.
Hablar o no del fallecido. Es importante que la persona tenga alguien con quién poder expresar sus pensamientos, emociones, recuerdos... siendo apropiado hablar del fallecido.
Importancia del apoyo social, es fundamental en este momento tener una red social de apoyo, personas cercanas y con las que el doliente se encuentre cómodo.
5. ORIENTACIÓN SOBRE MENORES. Nuestra tendencia cultural es alejar a los menores de todo lo referente a la muerte. Cuando se produce una pérdida y hay menores involucrados directa o indirectamente, una de las demandas más comunes que consultan los familiares es el asesoramiento acerca de las siguientes cuestiones:
- Participación de menores en el funeral. En este sentido las orientaciones que hay que hacer van en función de la edad y madurez del  menor. (ver Módulo 5). Pero en general es adecuado que el menor participe siguiendo estas pautas:
Si lo solicita expresamente. No se debe obligar.
Una edad adecuada puede ser a partir de los 6-7 años.
Ir acompañados de un mayor que le explique la situación de manera apropiada.
Evitar los momentos donde el nivel de emoción expresada sea más alto (momentos iniciales...).
Decirle la verdad, sin enmascararla con historias “se ha ido de viaje”“desde donde está nos mira y protege” etc...
Hablar con el menor de lo sucedido y responder a todas sus preguntas. Esta información tiene que ser clara y adaptada a su edad. La persona más apropiada será un familiar cercano. Se trata de dedicar un tiempo a hablar de la persona fallecida, de la situación, emociones etc., sin que tenga que estar hablando constantemente del tema.
Intentar no cambiar la rutina normal del niño, ni hacer grandes cambios que afecten a su vida cotidiana.
Informar al centro educativo de la situación, simplemente por si observan algún cambio digno de mención en el menor.
Informar sobre las reacciones normales,  en distintas edades (anexo 6), facilitando a la persona estas indicaciones y la posibilidad de consultar en cualquier momento.

Desde nuestra experiencia éstas son las cuestiones más comunes que en caso de duelo normal suelen planteársenos. Por último, es recomendable dejar abierta la posibilidad de consultar cualquier duda o cambio que consideren oportuno al igual que hacer un seguimiento. Suele tener efecto tranquilizador y facilita el proceso.