LOS
ADULTOS MAYORES Y LAS CATÁSTROFES
¿Cómo
nos afectan las catástrofes?
En aquellas personas cuyas vidas
cambian drásticamente después de una catástrofe, por ejemplo la pérdida del
hogar o daños físicos, el trauma puede causar trastornos y dolor físico y
emocional extremos. Estrés y pena son respuestas normales, y las reacciones
psicológicas frente a experiencias catastróficas pueden durar toda la vida.
Como respuesta a un evento traumático algunas personas desarrollarán cambios en
su comportamiento (aumento de consumo de bebidas alcohólicas, violencia
doméstica) y otras sufrirán la aparición o empeoramiento de una enfermedad
mental. Las personas directamente expuestas a dicho evento o a peligros
físicos, o cercanos a alguien cuya vida se ve amenazada por una catástrofe,
sienten miedo intenso, indefensión u horror. Estas emociones pueden resultar en
comportamientos turbados o desorganizados. El estrés constante o recurrente
puede resultar abrumador. Para algunos, las consecuencias psicológicas de una
catástrofe hasta pueden resultar incapacitantes.
¿Cuáles
son las consideraciones para personas mayores en tiempos de crisis?
En algunos aspectos, luego de una
catástrofe los adultos mayores pueden experimentar menos efectos psicológicos
por estrés que los adultos de menor edad. Según experiencias pasadas, algunos
adultos mayores pueden estar mejor preparados y poseer mejores habilidades para
lidiar con una catástrofe.
Sin embargo, aunque los adultos mayores
muchas veces poseen la adaptabilidad y experiencia para pasar la catástrofe, la
tensión física puede pagarse muy caro. Cuando una catástrofe golpea, los
adultos mayores son los más expuestos a riesgos de enfermedades y hasta de
muerte. Los ancianos frágiles o aquéllos con limitaciones psiquiátricas o
médicas son especialmente vulnerables al estrés que causan las catástrofes.
La pérdida de posesiones valiosas, de
los medios para moverse, de las propiedades como una casa y hasta de la
normalidad de la vida diaria puede resultar devastadora.
Después de los huracanes e inundaciones
en New Orleans en 2005, muchos adultos mayores experimentaron problemas
mentales. Muchos sintieron que habían perdido el trabajo y los ahorros de toda
su vida, y también perdieron las esperanzas. En muchos casos los miembros de la
familia se habían separado, y en muchos otros la atención médica y psiquiátrica
llegó de forma interrumpida. Los trabajadores de la salud vieron entre
los pacientes de mayor edad problemas de ansiedad, de memoria, depresión,
insomnio, e intentos de suicidio. Vieron una alta tasa de problemas
psicosomáticos (enfermedades cuyos síntomas físicos son causados por angustia
emocional o psiquiátrica), junto con peores problemas de salud y tasas de
mortalidad en aumento.
Los mayores son más propensos que las
personas más jóvenes a necesitar apoyo social para reducir los efectos del
estrés y para acentuar el bienestar emocional y la recuperación. Es importante
entender que algunos adultos mayores pueden estar enfrentando la pérdida de
seres queridos, más la pérdida de capacidades físicas y posiblemente su
independencia.
Planificaciones
especiales
Los adultos mayores que necesitan
preparaciones especiales y planificación de respuesta temprana son aquéllos:
- De edad avanzada, o frágiles.
- Que poseen impedimentos cognitivos (por
ejemplo demencia).
- Que se encuentran afectados por una enfermedad
mental o una discapacidad crónica debido a una enfermedad mental (p.ej.
esquizofrenia, ansiedad, depresión).
- De salud física deteriorada, afectados por una
condición médica complicada o movilidad reducida.
- Que sufren impedimentos sensoriales (deterioro
de la visión o audición)
- Que no poseen familiares o cuidadores cercanos
o apoyo social local.
¿Quién
es más vulnerable durante una catástrofe?
Algunos factores que pueden incrementar
el riesgo de enfermedad en adultos mayores frente a una catástrofe:
- Problemas de visión o audición contribuyen a
la ocurrencia de lesiones en entornos desconocidos o al intentar sortear
peligros.
- Discapacidades físicas y limitaciones en la
movilidad (como el uso de una silla de ruedas) pueden causar tardanzas o
evitar una evacuación de emergencia.
- Corte eléctrico. Los adultos mayores son
vulnerables a la hipotermia (temperatura corporal por debajo de lo normal)
e hipertermia (fiebre excepcionalmente alta) frente a temperaturas
extremas. Un corte del suministro eléctrico no permite el funcionamiento
del equipamiento médico necesario, como nebulizadores u oxigenoterapia.
- Imposibilidad de acceder a los medicamentos
prescriptos o tratamientos, como diálisis y quimioterapia.
- La ausencia de miembros de su familia u otras
personas de apoyo en su casa.
- Barreras para recibir ayuda financiera en
catástrofes, por ejemplo procedimientos complejos y renuencia a pedir
ayuda.
- Una mudanza forzada puede causar estrés grave
en mayores frágiles, acelerando su deterioro o muerte.
En general, aquellos que necesitan
asistencia en sus actividades de la vida diaria (p.ej. caminar, ducharse,
comer, tomar medicinas) son más vulnerables a lesiones o enfermedades durante o
después de una catástrofe.
Aquellos en mayor riesgo de sufrir
consecuencias psiquiátricas negativas y de necesitar planificaciones especiales
de respuesta incluyen los mayores con impedimentos cognitivos, con un historial
de enfermedad mental grave o discapacidad crónica debido a una enfermedad
mental, y aquellos cuya salud física está deteriorada.
¿Cuáles
son las consideraciones para personas mayores que sufren impedimentos
cognitivos?
Durante una crisis, algunos adultos
mayores son vulnerables a impedimentos cognitivos: la habilidad para pensar,
recordar y tomar decisiones.
En aquellos que ya sufren impedimentos
cognitivos aún el menor estrés puede causar problemas. Disrupciones de la
rutina diaria pueden desorientar a una persona con demencia que se encuentra
estable bajo condiciones normales. Los mayores con impedimentos cognitivos que
se sobre estimulan en una situación nueva o que no tienen todas sus necesidades
cubiertas pueden sufrir un brote emocional o temperamental.
Las crisis pueden abrumarlos o crear
estrés porque la situación está fuera del entendimiento o el control de la
persona. Durante o después de una catástrofe, los cuidadores de las personas
con impedimentos cognitivos pueden no estar disponibles para brindar apoyo y
cuidados, y el riesgo de que se extravíe deambulando aumenta si la persona se
irrita, agita o se enfrenta a una situación de estrés.
Los cuidadores deben ser conscientes de
que una persona con demencia puede formar memorias nuevas cuando vive una
experiencia traumática, a pesar de que típicamente no recuerdan eventos
recientes. Esto se observó en estudios sobre adultos mayores que
vivieron la catástrofe del 11 de septiembre en New York y el terremoto de Kobe
en Japón, en 1995.
ATENCIÓN A GRUPOS CON NECESIDADES ESPECIALES EN
SITUACIONES DE EMERGENCIA
Nunca se está suficientemente
preparado para cuando ocurre una situación de emergencia. Esto es aún más
crítico para las mujeres que están embarazadas, los niños y las niñas, así como
para los individuos que enfrentan retos especiales por causas físicas o
mentales y los adultos mayores. Sin embargo, las medidas de preparación frente
a un posible desastre y las decisiones que se tomen para la protección adecuada
y oportuna de estos grupos antes, durante y después de estos eventos pueden
significar la diferencia entre conservar la salud y la vida, y el sufrimiento
de daños físicos y emocionales mayores.
Varios países de la Región han
sufrido situaciones de emergencia por diversas causas en los últimos años con
una afectación de la población que alcanzó a varios millones de personas. Los
fenómenos naturales que se presentan cada año, ya sean predecibles, como el
caso de los huracanes, o no predecibles, como en el caso de los sismos, han
constituido causa recurrente de estos problemas. Por ello es indispensable
estar preparados para futuras emergencias y evitar en lo posible que se repitan
las tristes experiencias que se han presentado en la Región anteriormente.
Para que las acciones de preparación
para las emergencias sean realmente efectivas se requiere de la participación
activa de los habitantes de las áreas en riesgo, además de las instituciones
gubernamentales y no gubernamentales y de las agencias de cooperación bilaterales
e internacionales. La adecuada participación de mujeres, niños y niñas, así
como de minusválidos y adultos mayores en acciones de preparación sobre como
protegerse en lo individual y como grupos familiares y comunitarios, así como
el saber de que manera actuar cuando ocurra una desgracia, contribuirá a
reducir la vulnerabilidad de estos grupos de población frente a estos eventos.
Adicionalmente, es indispensable
tener en cuenta que existen necesidades de salud cuya atención no debe ser
interrumpida o, menos aún, suspendida por largo plazo por razón de una
emergencia, tal es el caso de las embarazadas que requieren atención prenatal,
del parto y del puerperio, las personas usuarias de servicios de planificación
familiar que requieren suministro ininterrumpido de métodos anticonceptivos,
los niños que necesitan la protección de las vacunas y de una buena nutrición,
aquellas personas que requieren de asistencia especial por sufrir alguna forma
de limitación física o mental y los adultos mayores, muchos de los cuales
sufren de enfermedades crónicas o con tendencia a la cronicidad que son
dependientes de medicación y control adecuados y/o enfermedades que producen
deterioro de las capacidades mentales y neurológicas (Artritis, Diabetes
Mellitus, Enfermedad Vascular Cerebral, Insuficiencia Respiratoria, Tumores,
Enfermedad de Parkinson, Enfermedad de Alzheimer, entre otras).
Sin duda, las mujeres son las que
llevan a cuestas la carga principal en cuanto a los problemas y complicaciones
en el área de salud sexual y reproductiva. La situación de salud reproductiva
de las mujeres está íntimamente relacionada con condiciones de género, que
pueden dificultar su acceso a servicios de salud, aún en condiciones de
emergencia, ya sea por razón económica, cultural o social. Es importante que
haya conciencia de las inequidades de género y de la situación especial de las
mujeres durante las situaciones de emergencia y evitarles la sobrecarga de
responsabilidades.
Con el propósito de facilitar las
tareas de preparación y mitigación frente a situaciones de emergencia y
considerar adecuadamente lo necesario para dar atención a los grupos
especialmente vulnerables, se han elaborado recomendaciones de carácter general
y específicas para el control de embarazadas y atención del parto, para
atención en anticoncepción, para prevención y control de infecciones de
transmisión sexual, para la atención a los niños y a las niñas, para la
atención a minusválidos y adultos mayores, así como para la prevención y
atención de casos de violencia intrafamiliar y en albergues o refugios
temporales, las que se presentan en forma de guías individuales organizadas por
tema.

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